Espinosa + Moreno | No hay arquitectura grande o pequeña, cara o barata, que no merezca un trabajo exhaustivo con una dedicación máxima sobre el diseño, el proyecto y la ejecución.

El arquitecto dibuja su obra

Espinosa + Moreno · Vivienda urbana · Fotografía: © Álvaro Moreno

LA LABOR OCULTA DEL ARQUITECTO  ·  Álvaro Moreno

Hay muchas imágenes con las que se puede ilustrar el trabajo del arquitecto, pero una de ellas es, sin duda, ésta. Es una imagen que habla de lo cotidiano, de lo habitual que es tener que ajustar el proyecto a una realidad imprevisible -la obra- en la cual se tiene que materializar. Y de cómo se hace, con precisión, solamente con un lápiz y una mirada atenta; con el disfrute de quien sabe que está dando liebre por gato, con la seguridad de quien ama la Arquitectura y con la lucidez de quien sabe reconocer esos momentos importantes en los que es necesario ir más allá. Porque la arquitectura no se deja de pensar ni mientras se proyecta, ni mientras se construye, ni mientras se habita. Y de eso habla esta imagen. Y trasluce la personalidad de un arquitecto, porque Ana se llama a sí misma arquitecto. Y yo puntualizaría: ARQUITECTO. Y esto, modestamente, es lo que uno quiere para sí en la medida en que sea capaz de portarlo, y lo que piensa que merece la pena transmitir a un alumno, a un cliente o a un compañero. Ahora que nos acompañas desde la eternidad, Ana, me permito rendirte este homenaje diciendo en público esto que siempre he pensado de ti y te he podido decir, con otras palabras, cuando surgía la ocasión, compartiendo un café.

De tu socio, que te quiere



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